Hasta que no te jugás las alas no hay cielo que valga la pena...

Enfermera de mariposas.
Ese verano, como tantos otros, fuimos de vacaciones al campo de mis abuelos, para mi era una fiesta ya que ellos me mimaban más allá de lo imaginable. Era la reina de las hadas y podía hacer lo que quisiera, trepar a los árboles, andar a caballo, jugar entre los fardos de paja y hasta robar semillas de maíz para plantarlas junto al arroyo. Lo único que no me permitían hacer era acercarme a la ruta porque decían que era peligroso.
Una tarde en que el sol calentaba más que de costumbre, todos se acostaron a dormir la siesta en la casa, yo decidí quedarme a jugar con palitos y bolitas de paraíso armando mi tropa de hadas para proteger a todas las flores del mundo. En eso estaba cuando de repente una mariposa amarilla pasó volando frente a mí y se posó en la cabeza de una de mis hadas palito, la miré fascinada y ella también me miró (creo q hasta la vi pestañar), luego de un breve descanso levantó vuelo nuevamente y empezó a dar vueltas a mi alrededor. Me puse de pie y baile con ella, y así bailando sin darme cuenta me vi parada a un lado de la ruta. Al mirar de nuevo vi cientos de mariposas volando allí, celestes, blancas, rosas, naranjas y amarillas. Eran hermosas todas ellas y estaban en medio de la ruta. Los autos pasaban y las atropellaban sin verlas siquiera. Me desesperé, se estaban muriendo solas en la ruta. Ahí fue cuando decidí convertirme en... ¡enfermera de mariposas!
Cada vez que un auto que pasaba lastimaba una, esperaba que quedara libre la ruta y salía corriendo a rescatarla, la recogía con cuidado y la ponía sobre el pasto suave, le hablaba despacito para tranquilizarla y acomodaba sus alitas.
Así pasé no sé cuantas horas, no me importaban los bocinazos ni los insultos, olvidé a mi familia y hasta había olvidado que tenía prohibido acercarme a ese lugar hasta que vi a mi papá correr asustado hacia donde yo estaba, aún salvando mariposas. Cuando llegó donde estaba me miró duramente y me dijo:
-Se acabaron las vacaciones para vos, mañana mismo volvemos a la ciudad.
Intenté explicarle que no podía ser, que mis mariposas me necesitaban pero no me escuchó.
Esa noche lloré tanto que me subió fiebre y al amanecer mis padres asustados, decidieron llevarme a un médico en la ciudad y ya no regresar al campo.
Yo estaba muy triste, a punto de volver a llorar, hasta que al cruzar el portón de salida vi sobre el alambrado cientos de mariposas saludándome con sus alas, fue ahí que supe que me esperarían hasta el próximo verano.

Cerrado por vacaciones, nos leemos en febrero!!!



Huele a mandarinas el aire

se me antoja naranja y fresca la tarde

y todo porque al dormir la siesta

soñé tu sonrisa dulce

sobre mis labios.

Foto: Alejandro Guzmán Jurado



¿Sabes qué? (Jairo Aníbal Niño)


¿Sabes qué?
Esta noche,
asomado a la ventana
veo la luna
como si fuera el ojo de una
cerradura .
¿Y sabes qué?
Me empino en la punta de
los pies
con la ilusión
de pegar mi ojo a la luna
y a través de esa cerradura
contemplarte dormida
en tu alcoba del espacio.


Feliz cumpleaños a mí!!!!!!!!!!!!!!!!!!
me regalás un dedal???


Hechizo para mentirosos (Cecilia Pisos)



Adentro de una nuez,

donde una araña hizo pis,

se mezcla un poco de viento

con patas de una lombriz.



La lombriz no tiene patas

y la araña no hace pis

y en la nuez no cabe nada,

ni un vientito: te mentí


El cielo,

mi cama,

el suelo...


Foto: Sashka Zhadan

Me Desordeno, Amor, Me Desordeno de Carilda Oliver Labra

Me desordeno, amor, me desordeno
cuando voy en tu boca, demorada,
y casi sin por qué, casi por nada,
te toco con la punta de mi seno.

Te toco con la punta de mi seno
y con mi soledad desamparada;
y acaso sin estar enamorada
me desordeno, amor, me desordeno.

Y mi suerte de fruta respetada
arde en tu mano lúbrica y turbada
como una mal promesa de veneno;
y aunque quiero besarte arrodillada,
cuando voy en tu boca, demorada,
me desordeno, amor, me desordeno.

Quiero que estes conmigo como la otra vez...
te acaricié de la cabeza a los pies...


A Sylvia


A la hora de oro

no dores las palabras,

al duro sol de la poesía

A la hora sin oro

dedícale una mirada sin tiempo

una mirada sin oro sin horas

dedícale el deseo de no pasar más tiempo

para que el tiempo corra ingenuo

como el agua de una fuente

para que los días pierdan su nombre

para que el tiempo pierda pie

y tú puedas, al fin,

mirar antes del primer día.

Alejandra
Sábado 13 junio 1964
Nota: Atención de Sylvia Molloy

(Cartas deAlejandra Pizarnik)